jueves, 2 de julio de 2009

RAZONES PARA NO ANULAR

JOSÉ ANTONIO CRESPO

HORIZONTE POLÍTICO

Durante el debate realizado en las últimas semanas sobre qué hacer con el sufragio, los detractores del voto de protesta (partidos, cámaras empresariales, Iglesia y, lamentablemente, las autoridades electorales) esgrimieron varias razones para no anular el voto, para las cuales hay, sin embargo, una réplica: 1) Se dedicó mucho tiempo y esfuerzo a hacer valer el voto en México, como para desperdiciarlo ahora. Precisamente por eso muchos ciudadanos inconformes con el sistema de partidos en general, decidimos acudir a las urnas y usar el voto en lugar de quedarnos en casa, ajenos al proceso electoral. 2) Los cambios de los últimos tiempos se han logrado con ayuda del voto. Cierto, y por eso también los anulistas buscamos nuevos y urgentes cambios a través del voto de protesta al sistema partidario; podría también ser eficaz para el cambio. 3) Los partidos no son iguales; constituyen opciones programáticas diferentes. Así es. Pero en lo que hace a su comportamiento democrático, su lucha contra la corrupción y la impunidad, no hay gran diferencia. Por ejemplo, ninguna bancada ha rechazado el bono de marcha con que se irán los actuales diputados, de más de un millón, en plena crisis económica. 4) El voto de protesta no es institucional. Incorrecto; el Cofipe lo contempla como una opción válida, lo cual automáticamente lo convierte en legal, institucional, legítimo y democrático. 5) El voto está pensado exclusivamente para elegir a los gobernantes y legisladores. No es exacto. La teoría democrática concede al voto también una función de protesta, y por eso en muchos países democráticos incluyen el voto nulo con diferentes consecuencias jurídicas. En México esa es la función del voto por candidato no registrado (y por eso la boleta incluye un recuadro para tal opción). 6) El voto nulo busca desaparecer al sistema de partidos. No es eso lo que se pretende, sino mejorar el sistema de partidos, transformarlo de uno esencialmente partidocrático a otro esencialmente representativo y sujeto a rendición de cuentas. 7) El voto nulo no cuenta en la conformación de la Cámara Baja. No es exacto. Indirectamente, puede influir en la configuración de ese órgano legislativo, al ser contado para determinar qué partidos tienen o no representación en la Cámara baja. Un efecto nada menor.

8) El voto nulo cede a otros una decisión personal. No es así. El anulista decide emitir un voto de protesta con los efectos jurídicos y políticos que pueda tener, en vez de optar por la abstención (que no se oye, y no tiene efectos jurídicos), o en lugar de emitir un voto partidario, que se leerá como un nuevo respaldo a los partidos, un visto bueno al régimen partidario vigente. 9) El voto nulo puede hacer el juego a intereses aviesos y hasta contrarios de quienes lo emiten. En política hay actores e intereses que aprovechan coyunturas y circunstancias diversas para jalar agua a su molino, y el voto nulo no es la excepción. Pero tampoco lo es el voto partidista; sufragar por alguno de los partidos puede hacer el juego a intereses ajenos y contrarios al elector; en 2000, por ejemplo, el voto por el PAN terminó favoreciendo a Martha Sahagún y su parentela. El voto por el PRD podría hacerle el juego a René Bejarano y sus huestes; el emitido por el Panal, pues ya sabemos a quién favorece; el voto por el Partido Verde, lo hace a la familia que regentea ese negocio y, ahora también, a las televisoras. El oportunismo está pues en pos de cualquier voto y no sólo del anulado como protesta. Pero no por eso no vale la pena sufragar, sea por un partido o como protesta. 10) El voto nulo deja su lugar al voto duro. No en la medida en que el grueso del voto nulo proviene de la abstención (según encuestas). Además, las tendencias en la elección federal se han mantenido estables, con voto nulo o sin él. Además, a los anulistas no les preocupa cuántas curules de más o de menos recibe cada partido, sino modificar la esencia del sistema partidario. Busca resolver un problema de fondo, no uno coyuntural. 11) El voto nulo no será tomado en cuenta por los partidos, por lo cual más vale seguir votando por alguno de ellos. Se propone aquí un voto complaciente, cuando no masoquista. Pero la furiosa reacción de los partidos ante el voto nulo refleja que el asunto no les es indiferente. Con un voto nulo nutrido, no podrán ser omisos al reclamo anulista. En todo caso, más vale averiguarlo que quedarse con la curiosidad. 12) El voto nulo puede crear condiciones que lleven a la anarquía o el autoritarismo. Lo que suceda después de los comicios dependerá sobre todo de si los partidos son sensibles o no a la protesta ciudadana. Si muestran sordera, el descontento crecerá y se puede afectar la gobernabilidad y estabilidad futuras. Si oyen y se abren, podrían fortalecer y renovar el sistema de partidos, recuperando parte de la legitimidad perdida (hoy casi inexistente). 13) El voto nulo podría crear una crisis de representación política. No es así; la crisis de representación ya está ahí; el voto nulo, y el debate a propósito de él, son un síntoma de la enfermedad política que, de no atenderse, provocará mayor perjuicio al deteriorado andamiaje institucional. El voto nulo pretende ayudar a los partidos – que se muestran ciegos, sordos e insensibles - a percatarse de que hay un tumor de ilegitimidad que a todos conviene sanar.

Así pues, estas razones en contra el voto nulo en realidad podrían aplicarse, si acaso, a la abstención (que para mí también es una opción legítima, dentro de la libertad de sufragio). Pero me parece que si los partidos y sus múltiples apologistas han querido identificar la abstención con el voto nulo, es porque la primera les es preferible que el segundo; la abstención no se oye, no hace ruido, no tiene efectos jurídicos y quizá tampoco políticos (como en 2003). El voto nulo ya se oyó, aun antes de ser emitido.

1 de julio de 2009

Votos Nulos

lunes, 29 de junio de 2009

Anula Tu Voto Todos Somos Uno

domingo, 28 de junio de 2009

23 razones para anular




23 razones para anular
DENISE DRESSER/ Proceso, México
Porque:
1. Los votos convencionales construirán gobiernos estatales, ayuntamientos, Congresos locales, Jefaturas Delegacionales, Asamblea Legislativa y una Cámara de Diputados que no tendrán el menor incentivo para rendir cuentas.
2. Los votos nulos cuentan como mecanismo de protesta, sobre todo si se levanta una encuesta de salida –como ha sugerido Federico Reyes Heroles– en la cual se puedan enlistar los motivos de la insatisfacción.
3.  Los sufragios cuentan desde hace muy poco, en efecto, pero esa no es razón suficiente para argumentar que el sistema electoral no puede ser mejorado usando la anulación como forma de presión. Sin duda, es mejor que los votos cuenten, porque en el pasado no era así, pero sería mejor aún que lograran producir una representación real que actualmente no existe y que la anulación busca impulsar.
4. Existen diferentes opciones, pero las diferencias ideológicas entre los partidos –a la hora de gobernar– suelen sucumbir ante la presión de los poderes fácticos, como ocurrió con la Ley Televisa, la ley de “acciones colectivas”, la iniciativa para aumentar las multas que puede cobrar la Comisión Federal de Competencia, la reforma energética que dejó sin tocar al sindicato de Pemex y tantas más.
5. Es una falacia que los partidos se diferencien notablemente a la hora de llegar al poder, sobre todo cuando la priización –el clientelismo, el corporativismo y la impunidad– afecta a todos.
6. Resulta una elaboración intelectual insostenible argumentar que la democracia electoral mexicana merece ser defendida sin las modificaciones sustanciales que aseguren la representación y la rendición de cuentas.
7. La derivación política de esa construcción intelectual recuerda a los discursos priistas en defensa de la “democracia a la mexicana”, que se reducía a la simple rotación de élites dentro del PRI. Ahora otros partidos participan en la rotación y el mecanismo se ha vuelto más competitivo, pero la falta de representación real, fundacional, persiste debido a la inexistencia de la reelección.
8. La anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir, y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten.
9. La anulación y el voto independiente son formas de participación que se diferencian de la abstención.
10. La anulación se alimenta del humor público ante la persistencia de una democracia mal armada que funciona muy bien para sus partidos, pero que funciona muy mal para sus ciudadanos.
11. El voto nulo tendrá tantas vertientes y pulsiones  como el voto “normal”; habrá quienes anularán su voto para exigir las candidaturas ciudadanas y quienes votarán por el PRI en busca de “agua y paz”,  la promesa difusa de Fausto Zapata en el Distrito Federal.
12. El voto nulo expresará –en efecto– hartazgo, desencanto y malestar: el primer paso para diagnosticar lo que le falta a la democracia mexicana e impulsar los cambios indispensables.
13. El movimiento nacional en favor del voto nulo sin duda necesita articular una plataforma mínima de demandas consensuadas, que traduzcan el agravio en propuesta. Pero el agravio existe y es legítimo; basta con ver la última encuesta del periódico Reforma, en la cual el 79% de los encuestados cree que los partidos actúan siguiendo sus propios intereses. Sólo el 12% piensa que vigilan los intereses de los ciudadanos que representan.
14. Los padres y las madres del voto nulo sin duda tienen en común eso: malestar. Ese malestar que es componente fundamental de la democracia participativa, en la cual los ciudadanos se organizan para componer algo que no funciona o exigir derechos que han sido negados. Subestimar ese malestar es no entender la realidad del país.
15. Votar construye la punta del iceberg civilizatorio, pero anular el voto también lo hace. Constituye un acto de deliberación tan válido como el voto tradicional, y representa una forma de participación política pacífica, ciudadana, que bien encauzada puede contribuir a ampliar las libertades conquistadas durante las últimas décadas.
16. El mundo de la representación real aún no se logra en un país que no ata a los legisladores a las demandas y preocupaciones de los ciudadanos. Es cierto, hay más pluralidad política, pero eso no es suficiente. Y no queda claro que los ciudadanos puedan mejorar la democracia mexicana tan sólo votando, ya que las demandas pendientes son ignoradas por los partidos una vez que llegan al poder.
17. El voto ha sido un instrumento inmejorable para ampliar el ejercicio de las libertades. Pero no es el único instrumento. La política no puede ni debe depender exclusivamente de la votación por o la participación en un partido, aunque Felipe Calderón y otros crean que es así. Las democracias funcionales se nutren de muchas fuentes de participación que buscan precisamente obligar a los partidos a hacer suyas demandas que de otra manera ignorarían.
18. Y sí, los que llaman a anular el voto tendrán que organizarse más allá del 5 de julio, pero eso no significa que deberán hacerlo en un partido. Quienes sugieren eso demuestran una visión demasiado estrecha sobre el funcionamiento de la democracia.
19. El voto nulo tiene el tufo del desprecio, no a la política como actividad en sí, ya que el movimiento está haciendo política al convocar y organizar como lo hace. Lo que el voto nulo critica es la forma prevaleciente de hacer política partidista en México hoy.
20. El voto nulo no implica un acto de abandono de la plaza; de hecho, busca ocuparla en nombre de una ciudadanía a la cual se le han negado derechos que forman parte de las democracias exitosas del mundo; derechos como la capacidad de sancionar a un diputado y removerlo del poder; como las candidaturas ciudadanas, el plebiscito, el referéndum, y la revocación del mandato, entre otros.
21. Los preocupados por la vida política del país están obligados a generar diagnósticos y propuestas de reformas, fórmulas de organización, agendas que graviten sobre la toma de decisiones, mecanismos de rendición de cuentas. El problema es que los primeros en asumir esa responsabilidad deberían ser los partidos, pero no lo hacen. No tienen el menor incentivo para modificar la situación política actual. Y, precisamente por ello, el voto nulo está intentando crear una trama civil que eleve la presencia de las organizaciones y las propuestas que emergen de la sociedad.
22. Los propios partidos han incorporado a sus listas a ciudadanos no afiliados a ellos, pero eso no basta para modificar el andamiaje institucional, ni para permitir las candidaturas ciudadanas independientes que podrían airear al sistema.
23. Porque, como escribe Milan Kundera, “todo lo que es puede no ser”. Y ojalá lleguemos al momento en que lo que es deje de ser. Espero que un día nos encontremos con partidos obligados a representar ciudadanos, elecciones que sirvan para algo más que rotar élites o familiares, un Congreso plural que no se doblegue ante los poderes fácticos en cada negociación legislativa, una división de poderes real, y súmele usted…

Ahora bien, si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o de votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque –en este sistema democrático trunco y parcial– usted no le importa. Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo.

Vídeo de la pasada Marcha del Hartazgo

Más allá del 5 de julio


Voto nulo: Más allá del 5 de julio
por ÁLVARO DELGADO / Proceso México

A fin de mostrar que su movimiento no es antipolítico ni se limita a la próxima jornada electoral, el martes 30 diversas organizaciones civiles, ciudadanos desencantados de los partidos, así como analistas políticos celebran la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo. A decir de Denise Dresser, tratarán de articularse para adquirir “capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio”.

La noche del jueves 25, en una cena, Josefina Vázquez Mota, candidata a diputada federal y aspirante a la coordinación del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN), se encontró con Denise Dresser, activista del movimiento para anular el voto, y le reclamó:
–Ustedes están fortaleciendo el voto duro priista y Manlio Fabio Beltrones está muy contento...
–¿Por qué no pensaron en eso cuando negociaron con él todas las reformas y ayudaron a limpiarle la cara al priismo? –respondió Dresser.

Vázquez Mota ya no dijo nada, pero la analista interpreta que el gobierno de Felipe Calderón está “muy nervioso” porque prevé que el movimiento anulacionista beneficiará al priismo, cuando en realidad se trata de resolver un problema sistémico: la arquitectura institucional que carece de mecanismos de rendición de cuentas y sanción ciudadana.

Tal preocupación gubernamental se materializa también con la convocatoria del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, a reuniones privadas para conocer la opinión de analistas, académicos y activistas sobre el voto nulo.
Dresser participó en una de ellas hace un par de semanas, en la que estuvieron además Lorenzo Córdova, Carlos Elizondo, Juan Pardiñas y Leo Zuckerman. “Inclusive quienes critican el voto nulo comparten el diagnóstico sobre la disfuncionalidad del sistema”, dice Dresser.

–¿En qué términos se expresó Gómez Mont?
–No, él de hecho sólo escuchó. Fue un esfuerzo de auscultación y diálogo. Lo reconozco como tal.
El movimiento anulacionista es acusado de neutralizar el voto de castigo, no sólo a diputados y partidos, sino a los gobiernos, como el de Calderón, pero Dresser lo niega: “El PAN no está feliz con el voto nulo, no está pensando que va a evadir el voto de castigo. Al contrario, piensan que están haciendo las cosas tan bien que lo que necesitan es el voto de recompensa y que, al no darse ése, se va acabar empoderando a los priistas. Esa es la preocupación del gobierno”.
Aclara: “Esto va más allá de castigar a un gobierno en particular en este momento. El voto nulo es un castigo a un sistema político que carece de elementos esenciales de representatividad y de rendición de cuentas”.

–Pero afirmar que todos los partidos son iguales implica que todos son responsables, por ejemplo, del desastre económico del país…
–Esta idea de que todos son iguales no es responsabilizar a todos del desastre del país. La crítica de que todos son iguales tiene que ver con el hecho de que no tienen incentivos para rendir cuentas y tomar decisiones en nombre de la ciudadanía, ni para explicar lo que hicieron durante su paso por el poder.

“Por eso, a pesar de las divergencias ideológicas que presentan en sus plataformas, cuando llegan al poder se comportan de manera demasiado similar en cuanto a la impunidad, evitar la rendición de cuentas, apelar al voto corporativo, enarbolar estrategias clientelares. Ese es el mimetismo que se critica, producto de un andamiaje institucional mal armado que lleva a esta democracia trunca y parcial.”

Doctora en ciencias políticas y profesora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), alma mater de Calderón y de su primer círculo, Dresser sostiene que el descontento que expresa el voto nulo va al “corazón del problema” de México: la ausencia de representación ciudadana.
Y alude a su principal antagonista, José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral (IFE): “Somos una democracia competitiva, con múltiples partidos y en la que se da la alternancia, todo eso es celebrable y lo comparto. Comparto esa palmada en la espalda que le da Woldenberg al sistema. Pero hay ausencia de instrumentos esenciales”.

Dresser es la redactora del “documento conceptual” que se discutirá en la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo, que se celebrará este martes 30 en el cine-auditorio de la Villa Olímpica, y adelanta, en entrevista, que el objetivo es articular al movimiento, después de las elecciones del 5 de julio, con propuestas como la reelección legislativa.

“Se busca combatir la percepción de que este es un movimiento con un lenguaje antipolítico, de que no hay propuestas condensadas y concretas, y que es solamente coyuntural, vinculado con la elección, cuando de lo que se trata es de articular algo que tenga capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio.”

–¿Eso será parte de lo que se discutirá en la asamblea?
–Exacto. Se va a discutir y se va a votar.
A cinco días de las elecciones y en medio de críticas por su irrupción en el proceso electoral para exhibir el repudio al régimen de partidos y al sistema político en su conjunto, los convocantes a anular el voto, cuyo impacto en las urnas es todavía incierto aunque las estimaciones son optimistas, tratarán de trascender el 5 de julio.

Callar bocas
El documento que se discutirá en la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo, afirma Sergio Aguayo, otro de los convocantes, “callará la boca a quienes dicen que sólo nos une el rechazo, porque el objetivo es el 6 de julio”, un día después de las elecciones, y se anticipa una segunda asamblea.
Explica: “Se trata de unirnos en torno de unas cuantas demandas aceptables para todos, pensando que, pase lo que pase el 5 de julio, existe una base social real, organizativa, de ciudadanos que no estamos satisfechos con la arquitectura política existente”.

Alentado sobre todo por jóvenes estudiantes y con internet como una de sus herramientas, que ha sido base de la articulación original, el movimiento comenzó a ser encauzado por quienes, como Aguayo, tienen experiencia en organizaciones civiles, como la que preside, Propuesta Cívica; Adolfo Llubere, perredista cercano a Rosario Robles, y jaliscienses participantes en organizaciones no gubernamentales.

En la minuta de la reunión de organizaciones y activistas, celebrada el 17 de junio en las instalaciones del IFE –al concluir el foro sobre “voto razonado” organizado por éste–, se describen las tareas que deben observarse, como crear la página www.votosnulos.com, la elaboración de artículos de promoción y generar “mecanismos para incluir en este movimiento a la ciudadanía que no tiene acceso a internet y, en particular, a las mujeres”.

Inclusive se recomiendan comportamientos: “a) Para que esto funcione, nadie tiene que sentirse agandallado. b) No estamos compitiendo. Tenemos que sumar. c) No vamos a excluir a nadie, a menos que no esté de acuerdo con la agenda mínima. d) No obstante, el participar en esta iniciativa no implica que las organizaciones renuncien a las iniciativas y agendas que han estado impulsando a la fecha. Los acuerdos para las diferentes agendas, en un sentido amplio, serán para después de las elecciones”.
Al respecto, Aguayo aclara: “Ya está armada la logística y el documento, al menos para que la discusión tome cauces ordenados, pero de ninguna manera está garantizado que va a salir bien”. Y expone que ve como un reto articular un movimiento que ha sido cuestionado.

“Estoy terminando un libro sobre la transición democrática y nunca, desde 1934 a la fecha, había visto un consenso tan grande entre las fuerzas vivas como el que estoy observando, de rechazo al voto nulo. Y segundo: soy el más sorprendido del vigor y de la energía, hasta hoy, de la propuesta.”
Reitera: “De ninguna manera puedo anticipar, asegurar o pronosticar si esto va a dar el brinco a una expresión organizada. Ese es el reto. Pero, por lo pronto, al día de hoy sí puedo decir que ya estamos refutando la afirmación de que sólo nos une lo negativo y el rechazo”.

En efecto, dice Dresser, el movimiento que celebrará su Primera Asamblea por el Voto Nulo se propone plantear la reelección legislativa como uno de los mecanismos que deben ser incorporados a la legislación, porque una vez electos ya no rinden cuentas a sus electores.
“No tienen que hacerlo, porque su longevidad política, su futuro político no depende de los electores, sino del dirigente, de los poderes fácticos. Para mí ese es el problema esencial de la democracia mexicana en este momento.”

Explica: “Como no hay un buen mecanismo de representación no hay rendición de cuentas, y este sistema, una y otra vez, se doblega ante Televisa o el señor Carlos Slim o Ricardo Salinas Pliego o Valdemar Gutiérrez o Elba Esther Gordillo, porque no hay el contrapeso ciudadano necesario que se da, precisamente, a través de que el diputado sabe que si aprueba una iniciativa que va en contra de sus representados lo sacarán del poder”.
Dresser cree que, gracias al movimiento que llama a anular el voto, se generó un debate sobre lo que no funciona en el andamiaje institucional del país, una de cuyas expresiones fue el reproche de Calderón a los partidos por distanciarse de los ciudadanos, a quienes les recomendó… hacer un partido.

“(El movimiento) cumple una labor muy importante de catalizador, de acicate para ir empujando a los partidos a tomar decisiones que no tomarían de otra manera. El sistema funciona muy bien para los partidos y muy mal para los ciudadanos”, dice la analista.
Por ello aplaude el vigor del movimiento, fundamentalmente de jóvenes de clase media. “Yo lo comparo con otros movimientos sociales que han enarbolado reivindicaciones de derechos esenciales, que también en su momento fueron clasemedieros: las sufragistas, los ambientalistas, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Son movimientos que empiezan siempre dentro de una clase media profesional que va detectando la insatisfacción, va construyendo coaliciones, va haciendo propuestas. ¡Esto es algo que lleva un par de meses! Tampoco nos pueden exigir que el movimiento, en sí solo, en tres meses tenga un manifiesto para que resuelva todos los problemas del país”.

De hecho, el grupo de activistas de Guadalajara, Jalisco, los creadores de “Para políticos nulos, votos nulos”, envió a Proceso la respuesta que da al “señor Calderón” por haber propuesto que los ciudadanos formen otros partidos:

“No nos interesa adscribirnos ni crear un partido político, señor Calderón, estamos convencidos de la fuerza de una ciudadanía activa no partidista. Creemos que estando en medio de un proceso electoral, usted ha incurrido en el grave error de condenar el ejercicio de un derecho y la activación de una protesta pacífica y democrática en contra de la clase política partidista.”
Y añaden: “Democracia plena no es igual a sistema de partidos. El país está repleto de órganos de participación ciudadana simulada que no obligan a nada a los poderes y niveles de gobierno que los convocan y conforman. Desde congresos y Senado han hecho legal lo ilegal, de manera que hoy sus majestades, servidores de lo público, nos impiden ver cómo gestionan lo que es nuestro”.
Y le recuerdan al “señor Calderón” el artículo 39 constitucional, que establece que la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
Como ellos, Dresser también reprocha la conducta del IFE y de su presidente, Leonardo Valdés: “No ha sido la correcta. Han tratado de desacreditar y criticar que esto no es válido, de sugerir que quizá no es legal, cuando es perfectamente válido y legal. Su labor debería ser de representación ciudadana, no de defensa de los intereses de los partidos”.
Añade: “Hay entre los consejeros un ímpetu desacalificador y es lamentable porque el IFE era nuestra institución. Este movimiento surge como una llamada de atención a una democracia disfuncional, perfectible, mejorable, y el IFE se ha empeñado en defender lo altamente imperfecto, tan imperfecto que vemos encuesta tras encuesta que despliega la insatisfacción ciudadana con los partidos”.

Nada con Televisa
En la minuta de la reunión de los organizadores de la Asamblea Nacional se advierte: “Cada organización será libre de adherirse o no al documento final. Si alguna organización quisiera empujar una agenda adicional, estará en su legítimo derecho, pero no a nombre de la asamblea.”
Y es que otros promotores de anular el voto plantean que, además de hacer este llamado, se formulen otras demandas, por ejemplo, las candidaturas ciudadanas, la segunda vuelta electoral o, como lo plantea “¡Basta-10”, una página de internet promovida por Jaime Sánchez Susarrey, “la derogación del párrafo del artículo 41 constitucional que prohíbe la información plena”.
Al respecto, Dresser y Aguayo dicen no compartir, en lo personal, esa demanda que implica destruir la reforma que prohíbe la compraventa de tiempo en radio y televisión para difundir propaganda política y electoral, que enfureció a las televisoras, pero tampoco es un tema en las discusiones entre los demás activistas.
“Yo no he recogido esa demanda de las organizaciones”, aclara la analista, y Aguayo dice de plano que se trata de un planteamiento “inaceptable” para Propuesta Cívica, la organización que encabeza, como también el planteamiento semejante que hizo Alejandro Martí, el empresario que promueve “Mi voto por tu compromiso”.
“En eso la organización que presido no está de acuerdo, porque eso es abrir las puertas a las televisoras otra vez al negocio de la política. Si ya están metidas hasta el gorro, es abrírselas de manera explícita.”

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