lunes, 13 de julio de 2009

Abstención y voto nulo

13-Jul-2009
Horizonte político
José A. Crespo


Mientras el movimiento del voto nulo convocaba esencialmente a los abstencionistas activos a expresar en las urnas su inconformidad y hartazgo con los partidos políticos, los defensores del statu quo —los que se conforman con lo poco que hay, porque hace 20 años teníamos menos— intentaban convencer a los anulistas de votar por algún partido, por cualquiera, por el menos malo. Y, en medio de ese debate, aparecieron también algunos promotores de la abstención activa, que descalificaron a su vez a los anulistas como comparsas del régimen, por legitimarlo en las urnas. La posición de los abstencionistas es evidentemente más radical que la de los anulistas. Por ello, los partidos y sus apologistas no debieran medir el alejamiento ciudadano sólo a través del voto nulo, sino también del enorme abstencionismo. Por otro lado, si bien no todos los votos nulos lo fueron deliberadamente, varios consejeros distritales y funcionarios de casilla del DF atestiguan que alrededor de 80% de votos nulos eran de clara y abierta protesta. Tampoco es adecuado evaluar el movimiento anulista como si hubiera sido nacional, pues no lo fue. Hubo varios movimientos autónomos, de carácter urbano y regional, que alcanzaron esencialmente a sectores sociales con altos índices de escolarización y politización (su Asamblea Nacional tuvo lugar a días de la elección). A través de esa lente, la convocatoria anulista sí tuvo un impacto nada despreciable en la mayoría de las ciudades en que surgió. En primer lugar viene Morelia con 12.3%, seguida de la ciudad de Puebla (11.9%), el DF (11%), Chihuahua (8.9 %), Aguascalientes (8.8%), Ciudad Juárez (8.2%) San Luis (8.1%) y Tijuana (8%), entre otras más.
Evidentemente, era más difícil transformar la abstención en un voto nulo de protesta. Pero al parecer el voto nulo logró detener —e incluso revertir en cierta medida— la pronunciada pendiente de la abstención. Recordemos que, en 1991, cuando debutó el recién instaurado IFE, la participación fue de 66 por ciento. Seis años después bajó a 58% y en 2003 se redujo aún más, al llegar a 41%. Es decir, una caída de 25 puntos porcentuales en 12 años. De ahí que la proyección de esa tendencia apuntara este año a una abstención incluso mayor, quizá de 70%, como se llegó a sugerir. Si el movimiento anulista de verdad ayudó a revertir el abstencionismo, pues enhorabuena. El voto nulo prevalece donde menor participación hubo: es decir, probablemente el voto nulo sí le ganó terreno a la abstención. Pero también sabemos que, donde se celebran elecciones para gobernador, la participación tiende a elevarse; en los seis estados en que eso ocurrió, el promedio de participación fue 57%, en tanto que, en los 26 restantes, fue 42%; quince puntos porcentuales de diferencia.
Dicen los abstencionistas que el voto nulo ayudó a legitimar un régimen que no sufrirá ninguna transformación positiva, ante la sordera y prepotencia de los partidos (tesis, esta última, compartida, paradójicamente, por los defensores del voto partidista). Esperemos que se equivoquen. Los defensores del statu quo partidario también auguraban que el voto nulo le haría el juego a poderes oscuros o a ansiosos golpistas. Hay en ello una contradicción inherente, pues, si por un lado se insistía —quizá con razón— en que la convocatoria anulista no sería tomada en cuenta por los partidos, menos podría ser el ariete para dar un golpe de Estado. Algunos desencantados con el espectacular triunfo del PRI quieren responsabilizar de ello a los movimientos anulistas. Bastaría con que sacaran la calculadora para percatarse de que no es así. Javier Aparicio, colega del CIDE, calculó que, de haber votado la mitad de anulistas por el PSD (no sé por qué tendrían que hacerlo), éste hubiera mantenido el registro con cuatro diputados (El Universal, 9/VIl/09). Esas curules se repartieron entre los demás partidos, proporcionalmente a su votación. Sin el voto de protesta y con un PSD manteniendo su registro, el PRI hubiera tenido… un diputado menos de ventaja frente al PAN. Gran diferencia, sin duda. Pero no es posible suponer que la mayoría de los anulistas hubiera votado en un mismo sentido. El movimiento fue variopinto. Un análisis del PREP sugiere que, no siendo prioritariamente priistas (aunque los había), los anulistas se dividían de manera equilibrada entre el PAN y el PRD, tal vez con una fracción proveniente del PSD. Con la lógica de que los anulistas pudieron haber votado por un mismo partido (distinto del PRI), se podría afirmar que, si la mitad de los abstencionistas hubieran votado por el PAN, los resultados hubieran sido muy distintos. Y eso hubiera ocurrido también si hubiera caído un meteorito que extinguiera a los dinosaurios del PRI. Pero los abstencionistas no votaron por el PAN (no tenían por qué) ni le cayó un meteorito al PRI.
Más sentido tendría, entonces, que los decepcionados por el triunfo priista preguntaran, ¿por qué el PAN y el PRD no pudieron convocar a los millones de votantes que decidieron quedarse en casa? Los partidos que sufrieron un descalabro perdieron casi siete millones de votos en conjunto, respecto de 2006, en tanto que los únicos que ganaron, el PRI y el PVEM (en coalición hace tres años), ganaron ahora algo más de dos millones de votos. De los casi cinco millones que quedan al restar esas cifras, menos de un millón anularon su voto como protesta y los otros cuatro millones decidieron abstenerse (todo ello, sin tomar en cuenta a los votantes nuevos). El bloque de abstencionistas sí pudo provocar resultados distintos de haber votado por el PAN o el PRD. Pero simplemente no quisieron refrendar a ninguno de esos partidos, y muy en su derecho. Los partidos derrotados, en vez de descalificar con disparates a esos votantes, debieran preguntarse con realismo por qué siete millones de electores los abandonaron.
Algunos desencantados con el espectacular triunfo del PRI quieren responsabilizar de ello a los movimientos anulistas.

http://www.exonline.com.mx/diario/columna/659845

sábado, 11 de julio de 2009

Anulistas, cuarta fuerza electoral en Jalisco

Cuarta Fuerza Electoral en Jalisco

Rubén Martín /Iván González Vega/Publico/11-07-09

Tal como lo esperaban sus promotores, el porcentaje de votos nulos creció significativamente en la pasada elección local, comparada con la tasa de anulación registrada en 2006 y en comicios anteriores, excepto en 1995 cuando los votos nulos fueron la tercera fuerza.

En esta comparación se toma como referencia la votación de diputados de mayoría, que se celebra cada tres años. Como se ve en la tabla anexa, en la elección de 1995 hubo más votos nulos que en los comicios celebrados el pasado domingo. En la elección de diputados locales nueve de cada cien electores anularon su voto. En total 193,083 personas (9.17 por ciento del total) decidieron nulificar la boleta.

La tasa de votos nulos descendió drásticamente en la elección de gobernador que ganó el panista Alberto Cárdenas Jiménez. En estos comicios se anularon 48,610 boletas, que representó 2.3 por ciento de la votación total de esta elección.

Una posible explicación a este contraste es que hasta esa fecha el Partido Revolucionario Institucional (PRI) llevaba 66 años ininterrumpidos en el poder, y con tasas altas de rechazo debido a acontecimientos recientes como las explosiones del 22 de abril, el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y el error económico de diciembre de 1994 que provocó una macrodevaluación del peso frente al dólar y una severa crisis económica.

Es posible, siguiendo esta hipotética explicación, que el rechazo al sistema político dominado por el PRI se hubiera manifestado en la elección para diputados locales, mientras que algunos electores hubieran depositado su expectativa en sacar al tricolor del poder votando por el candidato para gobernador de la oposición panista. Como se sabe, en los comicios del 12 de febrero de 1995 el PRI fue derrotado, inaugurando quince años de predominio electoral del PAN en Jalisco.

Después de esos comicios la tasa de votos nulos descendió, hasta la elección del pasado domingo cuando se duplicaron respecto con el porcentaje de la elección inmediata anterior. En estos comicios, los municipios con más nulos (en porcentaje) fueron Zapopan, Cihuatlán y Guadalajara. Los distritos con más nulos fueron el 10 (Zapopan), 12 (Guadalajara), y 8 (Guadalajara).

El voto blanco
Historia de los votos nulos *

1995 193,083 (9.17%)
1997 43,669 (2.14%)
2000 34,736 (1.61%)
2003 57,101 (2.48%)
2006 62,893 (2.19%)
2009 121,410 (4.5%)

* Tomando como base la elección para diputados de mayoría relativa
Los diez municipios más anulistas
Zapopan 6.68%
Cihuatlán 6.53%
Guadalajara 5.25%
Tepatitlán 4.53%
Tlaquepaque 4.52%
Teocaltiche 4.39%
Zapotlanejo 4.36%
Tonalá 4.29%
Ocotlán 4.29%
Villa Purificación 4.15%
Zapotlán el Grande 3.94%

Fuente: Datos oficiales del Consejo Electoral del Estado de Jalisco (1995, 1997 y 2000), Instituto Electoral del Estado de Jalisco (2003 y 2006), Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco (2009)

jueves, 9 de julio de 2009

El Voto Nulo no es un resultado, es un comienzo

Rossana Reguillo

Sobre la base del PREP y asumiendo que viene la contabilización final y el reconteó voto por voto en muchas casillas, se pueden sacar ya algunas conclusiones interesantes sobre la geografía electoral y el voto nulo.

Mirado como se mire, los distintos movimientos que trabajaron en torno a la anulación del voto y que lograron confluir en la primera asamblea nacional del 30 de junio en la Ciudad de México, resultó un éxito, tanto cuantitativo como especialmente cualitativo. Sin recursos, con el tiempo encima, con una campaña negra de detracción sobre sus orígenes e intenciones, no resultó fácil impulsar un proyecto que sustentado en el activismo ciudadano, principalmente juvenil y cibernético, logró un nada desestimable (y aún indefinido 5. 39% de intención de voto a nivel nacional, falta el cómputo final).

De los 34 126, 794 ciudadanos que votaron en el país, 1 839, 971, lo hicieron por la opción “Nulo”, muy por encima del número de votantes del PSD (353, 261 mil) y de las ahora llamadas coaliciones, como PRI/Verde (142, 874) y PT/Convergencia (82, 207); encima de las opciones más o menos ya consolidadas como Nueva Alianza o Panal (1 664, 999 mil); PT (1 216, 237) y, Convergencia (808, 674 mil votantes). Muy cerca pero abajo (lamentablemente) del Partido Verde de la Muerte (que se hace con 2 219 861 votantes). Y muy lejos de las opciones esclerotizadas y tradicionales del sistema político mexicano: PRI (12 520 418 mil votantes), PAN (9 549, 798) y PRD (4 164 393). Opto por los números y no por los porcentajes en el intento de darle rostro humano, contenido carnal y emotivo a la emisión de estos votos.

Hasta aquí, varias cuestiones pueden ser planteadas. Una primera hipótesis es que muchos electores hicieron caso del llamado de Woldenberg y que en sus juicios optaron por la fruta menos mala. También es posible intuir que en el plano formal México se desliza por la vía de los hechos a un sistema bi-partidista, estilo los Estados Unidos que logra la coexistencia de su clase política sin generar una política verdaderamente diferenciadora, pero que sostiene el “status quo” sin demasiadas sacudidas. Que la alianza del Verde-muerte con Televisa se instaló en la “zona de confort” de la sobrevivencia de su registro y su negocio, mala señal pero acorde a las culturas políticas nacionales que están atadas a los espacios mediáticos televisivos. Y en esa misma tónica, el voto nulo, me parece, por los datos que tenemos hasta hoy, no será capaz de tumbarle el registro a la Maestra, pese a que en números absolutos somos más fuertes que ella. Las coaliciones no me interesan, porque son arreglos cupulares y familistas y, la gente suele responder a los nombres de los candidatos y no a las propuestas y a las implicaciones ideológicas de su voto. Queda la incógnita del PSD, que me parece que en vez de culpar al voto nulo, debería analizar su pesada historia y hacerse cargo de lo que fue Alternativa y asumir que su plataforma no logró trascender el activismo por causas vanguardistas sin un discurso claro en torno a lo estructural. Si es la izquierda, “moderna” quedó muy atrás; no son la liberalización del aborto, las drogas o la diversidad sexual, las únicas causas “vanguardistas” de esta nación, no encontré nunca una palabra en torno a la cultura del narcotráfico, ni a la pobreza estructural y subjetiva de los jóvenes. No se puede competir y ganar con etiquetas atrapadas en la “buena onda”.
Queda entonces, el voto nulo. ¿Qué significamos los casi dos millones de mexicanos y mexicanas que optamos por anular activamente nuestro voto?, se pueden plantear múltiples lecturas, pero me interesa colocar dos hipótesis centrales. La primera es que se trata de un importante logro que consiguió convencer y articular una protesta que sabía realistamente que no podría “vencer” electoralmente (y este es un tema central) y cuya fuerza estribaba y estriba en su capacidad de mover la imaginación ciudadana hacia otras maneras de entender la política. Capitalizar la experiencia y asumir que hay que transformar al “voto nulo” en múltiples nodos ciudadanos de presión política es lo que se desprende de un nada despreciable (y repito, tentativo), 5.39, dos millones de personas, operando en esta lógica, repartidos a lo largo y ancho de la geografía nacional no es una fuerza menor. Fueron casi dos millones, organizados y acuerpados principalmente a través de la RED.
Que faltó trabajo callejero es cierto, pero ese no es un fracaso, sino un aprendizaje, que me parece que “Anulo mi Voto Jalisco”, supo identificar a tiempo, pero sin las condiciones necesarias. Esta “revolución simbólica” es un éxito.
La segunda hipótesis, que es la que más me interesa y es mucho más de índole cualitativa, en tanto no tengo datos duros para sustentarla, solo cualitativos (pero fruto de mi ya añejo músculo de observación) es que el logro principal de “anular el voto”, fue la de re-politizar a los jóvenes. En un poco más de 20 años de estudiar las culturas juveniles en Latinoamérica, no había visto un movimiento que despertara la voluntad, la imaginación y la conciencia en torno a la política y lo político de esta manera. Sé, que muchos de los anulistas estrenaron su credencial con esta opción (lo cual es triste en muchos sentidos), pero es un reservorio de posibilidades, en tanto indica, si hay oídos sensibles, que los jóvenes están hartos de la política en su forma actual, pero tienen voluntad e imaginación en torno a lo político. Ese voto nulo, es una fuerza emergente, no un resultado. Es decir, hay que sacarlo de la simplificación mediática y partidista de que “eso” fue lo que se logró. Se trata de un comienzo, de una palabra que crece y se expande, de una voluntad de imaginar el futuro y de hacerse cargo de parirlo. Por ello, los promotores más visibles del voto nulo tienen una enorme responsabilidad, la de encauzar y servir de correas de transmisión, la de convertirse en depositarios e intérpretes de esos jóvenes, no en sus gurús, no en sus guías, no en sus portavoces, sino apenas en sus intérpretes y mediadores.
Se trata de trastocar, una vez más, las lecturas convencionales. No sumarse a las lecturas tendenciosas en torno a los “resultados”, sino a la revolucionaria posibilidad de convertirnos en una fuerza ciudadana capaz de generar el espacio de intervención política que no aspira al poder, sino a la interlocución crítica y fuerte que haga posible que la clase política atamañe la estatura de su desmesurada ambición.
En un segundo ejercicio analítico, intentaré despejar las incógnitas en torno a la composición nacional del voto nulo y su increíble presencia en lugares, zonas, casillas, espacios donde no se suponía que era posible y donde hoy es una realidad, incontestable.
Por ahora, lo más importante es no perder los espacios ganados. Mantener la bandera de un optimismo crítico moderado y asumir las limitaciones y encontrar, claro, la posibilidad de conferir en la RED, buscando trascender este espacio.
Estoy convencida de que son más los logros que las limitaciones. No se vale cansarse…el país es más grande que nuestros cansancios sumados.
Hace algunos años escribí un ensayo sobre los efectos del “día después”, aludiendo al impacto que tenía en los movimientos sociales, el triunfo o fracaso de sus acciones. Decía yo, ahora lo ratifico, que el estado de euforia durante “la fiesta” no puede sostenerse mucho tiempo, porque irrumpe la vida cotidiana con sus implacables demandas. Por ello los movimientos deben aprender a funcionar a dos velocidades y a dos ritmos, sin que ello socave su voluntad, si su optimismo.
Y apelo a Fidel CANdidato, Yes we CAN

lunes, 6 de julio de 2009

Duplican voto nulo

Duplican voto nulo

José Alonso Torres y Annaly Casillas/Mural/06-07-09

Los promotores del voto nulo estuvieron cerca de alcanzar su objetivo: que éstos llegaran a ser el 5 por ciento de los sufragios.

De acuerdo con cifras preliminares del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco, hasta las 2:22 horas de hoy, en la elección de Presidentes municipales el porcentaje de votos nulos llegaba al 4.16 por ciento, mientras que en la elección de diputados la cifra es un poco mayor, de 4.62 puntos porcentuales.

Con esto casi estarían duplicando el porcentaje histórico obtenido en la elección intermedia del 2003, cuando el el 2.30 del total de votantes optaron por anular su voto para munícipes, y en la elección de legisladores locales, un 2.48 por ciento.

Estas cifras disminuyeron en los comicios en el 2006. En dicho proceso se invalidaron el 2.12 por ciento de los sufragios de munícipes y el 2.19 por ciento de los legisladores locales.

De 1995 a la fecha, la elección que ha tenido el menor índice de votos anulados se dio en el año 2000, cuando sólo el 0.11 por ciento de las boletas para elegir Alcaldes fue inutilizado. El porcentaje de los diputados fue mayor, con un 1.78 por ciento.

Ahora los votos nulos pueden tener un impacto más trascendente en el escenario político del Estado: con la reforma electoral quedó estipulado que en caso de que la diferencia entre el presunto ganador de la elección y el segundo lugar sea menor al número de sufragios anulados, éste puede obligar a la autoridad electoral a realizar un recuento voto por voto.

Hasta anoche sólo uno de los Municipios metropolitanos, Zapopan, entra en ese supuesto, ya que la diferencia entre los principales candidatos era inferior a la votación anulada.

En Zapopan, con el 88.53 por ciento de las actas capturadas, la alianza del PRI y el Panal superaba con 16 mil votos al PAN, mientras que los votos nulos sumaban hasta ese momento, 23 mil 845.

Sobre la participación ciudadana aún no existen datos oficiales.

La Coparmex estimó una votación del 38 por ciento. Con el 90 por ciento de las actas computadas en la entidad se registraba una participación aproximada del 45 por ciento de votantes; como referencia, en la elección de munícipes del 2006 participó el 60.83 por ciento de los electores.

La boleta que viajó en vocho

En camino está una segunda asamblea nacional de Anulo mi Voto, a celebrarse el 18 de julio

La boleta que viajó en vocho

Lo que empezó como un pequeño movimiento creció hasta sorprender.
Abril Posas & Maricarmen Rello/ Público 6 Julio 09

A ritmo de la popular cumbia “¿Cómo te voy a olvidar?”, de Los Ángeles Azules, cuyas notas salían de un vocho que arribó después de las cuatro de la tarde al parque Revolución, se recordaba a los ciudadanos motivos para anular el voto: “Ladrón, ladrón, ladrón, ¿Cómo te voy a votar?” ¿Cómo te voy a votar?”… la agrupación civil Anulo mi Voto festejaba el fin del proceso electoral y el fin de un “día gozoso”, como calificaron al de ayer domingo.

La gente que estaba en este parque, visitantes asiduos, skatos, amantes de las bicicletas, transeúntes casuales, comerciantes y pasajeros en tránsito al minibús o al Tren Ligero, reían al escuchar la letra adaptada a los políticos. El volkswagen rojo, bautizado como vochonulo dio una vuelta y se estacionó sobre Pedro Moreno. Las leyendas que presumía en las salpicaderas “Políticos nulos”, “Votos nulos”, “Vochos nulos”, resumían la campaña que semanas atrás empezó un grupo de ciudadanos “hartos con la oferta política” que se les abría como abanico en este proceso electoral. En el cofre una boleta anulada y en el cristal trasero, sobre la imagen caricaturizada de una Guadalupana —tan de moda entre cierto sector tapatío— se emulaba: “Virgencita plis haz que anule mi voto”.

Lo que empezó como un pequeño movimiento de activistas tapatíos, creció hasta sorprender a los mismos inconformes que tuvieron la inventiva de proponer la anulación del sufragio (42 organismos en todo el país celebraron ya una asamblea nacional). Ayer el grupo local reunió a una treintena de simpatizantes, entusiastas y seguros de que muchos jaliscienses más, aunque no estaban en ese frente hacia las cinco de la tarde, aceptaron su invitación y anularon el voto. “Estamos contentos porque el movimiento creció día a día… sí superamos 2.5 por ciento, pero estaríamos más contentos con 5 por ciento de votos anulados”, expresó Carlos Barba, quien ayer se sumó al festejo lo mismo que Graciela: “Tengo muchos años anulando mi voto porque no hay un candidato que valga la pena. El último voto que yo di fue a Patricia Mercado, en 2000, porque me parecía una mujer congruente. Hoy mismo, anulé todos mis votos”.

Anulo mi Voto desplegó el póster de una cancha desnivelada, arriba los políticos, abajo los ciudadanos, que en la víspera pasearon en el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco, y con pendones de una boleta electoral completamente cruzada. En el lugar estuvo también Fidel, ‘el candidato de la perrada’.

Carlos Páez Agraz, coordinador de la asamblea nacional, aseguró: “No importa si son cien o 50 millones los votos nulos, sino el mensaje que lleva implícito; lo importante es que tomen nota los políticos. Y a partir de hoy vamos a ver qué país sí podemos construir… creemos que urgen ciudadanos no partidistas trabajando por lo público”.

A quienes votaron por algún candidato les pidió “adoptarlo y exigir que esa opción se vuelva más transparente, con proyectos y dirigencias democráticas”, y a la pregunta de si el movimiento llegó a su fin, coincidió con Margarita Sierra. Ambos señalaron que Anulo mi Voto continuará adelante. En camino está una segunda asamblea nacional a celebrarse el 18 de julio en esta ciudad, con tres objetivos comunes ya consensuados: exigir mecanismos de democracia participativa, la revisión y transparencia de los presupuestos de los partidos y candidaturas ciudadanas.

La cumbia seguía sonando. La lluvia quedó sólo en amenaza y la tarde era apacible. El grupo siguió festejando. Otros, en distintos puntos, ya sufrían.

Voto nulo, la quinta fuerza electoral

Voto nulo, la quinta fuerza electoral del país

LA REDACCIóN/ Proceso

México, D.F., 5 de julio (apro).- La suma de abstenciones y votos anulados equivale al 62 por ciento del padrón electoral, siendo la tendencia preliminar mayoritaria de los comicios intermedios. Por sí solos, los sufragios de castigo suman un millón 364 mil 673, equivalentes al 5.97 por ciento de las actas. Esta tendencia supera a los votos obtenidos por el PT, Convergencia, Nueva Alianza y PSD, convirtiéndose en la quinta fuerza política del país.

En Puebla, el "voto tachado" superó incluso al PRD y al PVEM, colocándose en el tercer lugar de las preferencias.

En Aguascalientes, llegó al cuarto sitio de la votación, por encima de los 12 mil 804 votos que acumula el PRD en el corte del PREP.

En Chiapas el voto nulo también ocupó el cuarto sitio de las simpatías, sumando 33 mil 681 boletas, contra las 23 mil 363 de su sucesor, el PT.

También se consolidó como el cuarto lugar en las simpatías de los votantes del estado de México, Veracruz y Jalisco.

El Programa de Resultados Electorales Preliminares del IFE indica que la participación apenas llega al 43.62 por ciento; en consecuencia, el 56.38 por ciento de los votantes no se presentó a depositar su sufragio.

La tendencia del voto nulo acumula 5.97 por ciento de sufragios, mientras que el 0.23 por ciento de ciudadanos optó por manifestarse a favor de candidatos no registrados por los partidos políticos.

Después del abstencionismo, el PRI mantiene las preferencias, con 35.42 por ciento de simpatías; seguido del PAN, con 26.86 por ciento; PRD, 12.3 por ciento; PVEM, 7.10 por ciento; PT, 3.98 por ciento; Nueva Alianza, 3.56 por ciento; PSD, 1.2 por ciento.



jueves, 2 de julio de 2009

RAZONES PARA NO ANULAR

JOSÉ ANTONIO CRESPO

HORIZONTE POLÍTICO

Durante el debate realizado en las últimas semanas sobre qué hacer con el sufragio, los detractores del voto de protesta (partidos, cámaras empresariales, Iglesia y, lamentablemente, las autoridades electorales) esgrimieron varias razones para no anular el voto, para las cuales hay, sin embargo, una réplica: 1) Se dedicó mucho tiempo y esfuerzo a hacer valer el voto en México, como para desperdiciarlo ahora. Precisamente por eso muchos ciudadanos inconformes con el sistema de partidos en general, decidimos acudir a las urnas y usar el voto en lugar de quedarnos en casa, ajenos al proceso electoral. 2) Los cambios de los últimos tiempos se han logrado con ayuda del voto. Cierto, y por eso también los anulistas buscamos nuevos y urgentes cambios a través del voto de protesta al sistema partidario; podría también ser eficaz para el cambio. 3) Los partidos no son iguales; constituyen opciones programáticas diferentes. Así es. Pero en lo que hace a su comportamiento democrático, su lucha contra la corrupción y la impunidad, no hay gran diferencia. Por ejemplo, ninguna bancada ha rechazado el bono de marcha con que se irán los actuales diputados, de más de un millón, en plena crisis económica. 4) El voto de protesta no es institucional. Incorrecto; el Cofipe lo contempla como una opción válida, lo cual automáticamente lo convierte en legal, institucional, legítimo y democrático. 5) El voto está pensado exclusivamente para elegir a los gobernantes y legisladores. No es exacto. La teoría democrática concede al voto también una función de protesta, y por eso en muchos países democráticos incluyen el voto nulo con diferentes consecuencias jurídicas. En México esa es la función del voto por candidato no registrado (y por eso la boleta incluye un recuadro para tal opción). 6) El voto nulo busca desaparecer al sistema de partidos. No es eso lo que se pretende, sino mejorar el sistema de partidos, transformarlo de uno esencialmente partidocrático a otro esencialmente representativo y sujeto a rendición de cuentas. 7) El voto nulo no cuenta en la conformación de la Cámara Baja. No es exacto. Indirectamente, puede influir en la configuración de ese órgano legislativo, al ser contado para determinar qué partidos tienen o no representación en la Cámara baja. Un efecto nada menor.

8) El voto nulo cede a otros una decisión personal. No es así. El anulista decide emitir un voto de protesta con los efectos jurídicos y políticos que pueda tener, en vez de optar por la abstención (que no se oye, y no tiene efectos jurídicos), o en lugar de emitir un voto partidario, que se leerá como un nuevo respaldo a los partidos, un visto bueno al régimen partidario vigente. 9) El voto nulo puede hacer el juego a intereses aviesos y hasta contrarios de quienes lo emiten. En política hay actores e intereses que aprovechan coyunturas y circunstancias diversas para jalar agua a su molino, y el voto nulo no es la excepción. Pero tampoco lo es el voto partidista; sufragar por alguno de los partidos puede hacer el juego a intereses ajenos y contrarios al elector; en 2000, por ejemplo, el voto por el PAN terminó favoreciendo a Martha Sahagún y su parentela. El voto por el PRD podría hacerle el juego a René Bejarano y sus huestes; el emitido por el Panal, pues ya sabemos a quién favorece; el voto por el Partido Verde, lo hace a la familia que regentea ese negocio y, ahora también, a las televisoras. El oportunismo está pues en pos de cualquier voto y no sólo del anulado como protesta. Pero no por eso no vale la pena sufragar, sea por un partido o como protesta. 10) El voto nulo deja su lugar al voto duro. No en la medida en que el grueso del voto nulo proviene de la abstención (según encuestas). Además, las tendencias en la elección federal se han mantenido estables, con voto nulo o sin él. Además, a los anulistas no les preocupa cuántas curules de más o de menos recibe cada partido, sino modificar la esencia del sistema partidario. Busca resolver un problema de fondo, no uno coyuntural. 11) El voto nulo no será tomado en cuenta por los partidos, por lo cual más vale seguir votando por alguno de ellos. Se propone aquí un voto complaciente, cuando no masoquista. Pero la furiosa reacción de los partidos ante el voto nulo refleja que el asunto no les es indiferente. Con un voto nulo nutrido, no podrán ser omisos al reclamo anulista. En todo caso, más vale averiguarlo que quedarse con la curiosidad. 12) El voto nulo puede crear condiciones que lleven a la anarquía o el autoritarismo. Lo que suceda después de los comicios dependerá sobre todo de si los partidos son sensibles o no a la protesta ciudadana. Si muestran sordera, el descontento crecerá y se puede afectar la gobernabilidad y estabilidad futuras. Si oyen y se abren, podrían fortalecer y renovar el sistema de partidos, recuperando parte de la legitimidad perdida (hoy casi inexistente). 13) El voto nulo podría crear una crisis de representación política. No es así; la crisis de representación ya está ahí; el voto nulo, y el debate a propósito de él, son un síntoma de la enfermedad política que, de no atenderse, provocará mayor perjuicio al deteriorado andamiaje institucional. El voto nulo pretende ayudar a los partidos – que se muestran ciegos, sordos e insensibles - a percatarse de que hay un tumor de ilegitimidad que a todos conviene sanar.

Así pues, estas razones en contra el voto nulo en realidad podrían aplicarse, si acaso, a la abstención (que para mí también es una opción legítima, dentro de la libertad de sufragio). Pero me parece que si los partidos y sus múltiples apologistas han querido identificar la abstención con el voto nulo, es porque la primera les es preferible que el segundo; la abstención no se oye, no hace ruido, no tiene efectos jurídicos y quizá tampoco políticos (como en 2003). El voto nulo ya se oyó, aun antes de ser emitido.

1 de julio de 2009

Votos Nulos

lunes, 29 de junio de 2009

Anula Tu Voto Todos Somos Uno

domingo, 28 de junio de 2009

23 razones para anular




23 razones para anular
DENISE DRESSER/ Proceso, México
Porque:
1. Los votos convencionales construirán gobiernos estatales, ayuntamientos, Congresos locales, Jefaturas Delegacionales, Asamblea Legislativa y una Cámara de Diputados que no tendrán el menor incentivo para rendir cuentas.
2. Los votos nulos cuentan como mecanismo de protesta, sobre todo si se levanta una encuesta de salida –como ha sugerido Federico Reyes Heroles– en la cual se puedan enlistar los motivos de la insatisfacción.
3.  Los sufragios cuentan desde hace muy poco, en efecto, pero esa no es razón suficiente para argumentar que el sistema electoral no puede ser mejorado usando la anulación como forma de presión. Sin duda, es mejor que los votos cuenten, porque en el pasado no era así, pero sería mejor aún que lograran producir una representación real que actualmente no existe y que la anulación busca impulsar.
4. Existen diferentes opciones, pero las diferencias ideológicas entre los partidos –a la hora de gobernar– suelen sucumbir ante la presión de los poderes fácticos, como ocurrió con la Ley Televisa, la ley de “acciones colectivas”, la iniciativa para aumentar las multas que puede cobrar la Comisión Federal de Competencia, la reforma energética que dejó sin tocar al sindicato de Pemex y tantas más.
5. Es una falacia que los partidos se diferencien notablemente a la hora de llegar al poder, sobre todo cuando la priización –el clientelismo, el corporativismo y la impunidad– afecta a todos.
6. Resulta una elaboración intelectual insostenible argumentar que la democracia electoral mexicana merece ser defendida sin las modificaciones sustanciales que aseguren la representación y la rendición de cuentas.
7. La derivación política de esa construcción intelectual recuerda a los discursos priistas en defensa de la “democracia a la mexicana”, que se reducía a la simple rotación de élites dentro del PRI. Ahora otros partidos participan en la rotación y el mecanismo se ha vuelto más competitivo, pero la falta de representación real, fundacional, persiste debido a la inexistencia de la reelección.
8. La anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir, y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten.
9. La anulación y el voto independiente son formas de participación que se diferencian de la abstención.
10. La anulación se alimenta del humor público ante la persistencia de una democracia mal armada que funciona muy bien para sus partidos, pero que funciona muy mal para sus ciudadanos.
11. El voto nulo tendrá tantas vertientes y pulsiones  como el voto “normal”; habrá quienes anularán su voto para exigir las candidaturas ciudadanas y quienes votarán por el PRI en busca de “agua y paz”,  la promesa difusa de Fausto Zapata en el Distrito Federal.
12. El voto nulo expresará –en efecto– hartazgo, desencanto y malestar: el primer paso para diagnosticar lo que le falta a la democracia mexicana e impulsar los cambios indispensables.
13. El movimiento nacional en favor del voto nulo sin duda necesita articular una plataforma mínima de demandas consensuadas, que traduzcan el agravio en propuesta. Pero el agravio existe y es legítimo; basta con ver la última encuesta del periódico Reforma, en la cual el 79% de los encuestados cree que los partidos actúan siguiendo sus propios intereses. Sólo el 12% piensa que vigilan los intereses de los ciudadanos que representan.
14. Los padres y las madres del voto nulo sin duda tienen en común eso: malestar. Ese malestar que es componente fundamental de la democracia participativa, en la cual los ciudadanos se organizan para componer algo que no funciona o exigir derechos que han sido negados. Subestimar ese malestar es no entender la realidad del país.
15. Votar construye la punta del iceberg civilizatorio, pero anular el voto también lo hace. Constituye un acto de deliberación tan válido como el voto tradicional, y representa una forma de participación política pacífica, ciudadana, que bien encauzada puede contribuir a ampliar las libertades conquistadas durante las últimas décadas.
16. El mundo de la representación real aún no se logra en un país que no ata a los legisladores a las demandas y preocupaciones de los ciudadanos. Es cierto, hay más pluralidad política, pero eso no es suficiente. Y no queda claro que los ciudadanos puedan mejorar la democracia mexicana tan sólo votando, ya que las demandas pendientes son ignoradas por los partidos una vez que llegan al poder.
17. El voto ha sido un instrumento inmejorable para ampliar el ejercicio de las libertades. Pero no es el único instrumento. La política no puede ni debe depender exclusivamente de la votación por o la participación en un partido, aunque Felipe Calderón y otros crean que es así. Las democracias funcionales se nutren de muchas fuentes de participación que buscan precisamente obligar a los partidos a hacer suyas demandas que de otra manera ignorarían.
18. Y sí, los que llaman a anular el voto tendrán que organizarse más allá del 5 de julio, pero eso no significa que deberán hacerlo en un partido. Quienes sugieren eso demuestran una visión demasiado estrecha sobre el funcionamiento de la democracia.
19. El voto nulo tiene el tufo del desprecio, no a la política como actividad en sí, ya que el movimiento está haciendo política al convocar y organizar como lo hace. Lo que el voto nulo critica es la forma prevaleciente de hacer política partidista en México hoy.
20. El voto nulo no implica un acto de abandono de la plaza; de hecho, busca ocuparla en nombre de una ciudadanía a la cual se le han negado derechos que forman parte de las democracias exitosas del mundo; derechos como la capacidad de sancionar a un diputado y removerlo del poder; como las candidaturas ciudadanas, el plebiscito, el referéndum, y la revocación del mandato, entre otros.
21. Los preocupados por la vida política del país están obligados a generar diagnósticos y propuestas de reformas, fórmulas de organización, agendas que graviten sobre la toma de decisiones, mecanismos de rendición de cuentas. El problema es que los primeros en asumir esa responsabilidad deberían ser los partidos, pero no lo hacen. No tienen el menor incentivo para modificar la situación política actual. Y, precisamente por ello, el voto nulo está intentando crear una trama civil que eleve la presencia de las organizaciones y las propuestas que emergen de la sociedad.
22. Los propios partidos han incorporado a sus listas a ciudadanos no afiliados a ellos, pero eso no basta para modificar el andamiaje institucional, ni para permitir las candidaturas ciudadanas independientes que podrían airear al sistema.
23. Porque, como escribe Milan Kundera, “todo lo que es puede no ser”. Y ojalá lleguemos al momento en que lo que es deje de ser. Espero que un día nos encontremos con partidos obligados a representar ciudadanos, elecciones que sirvan para algo más que rotar élites o familiares, un Congreso plural que no se doblegue ante los poderes fácticos en cada negociación legislativa, una división de poderes real, y súmele usted…

Ahora bien, si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o de votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque –en este sistema democrático trunco y parcial– usted no le importa. Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo.

Vídeo de la pasada Marcha del Hartazgo

Más allá del 5 de julio


Voto nulo: Más allá del 5 de julio
por ÁLVARO DELGADO / Proceso México

A fin de mostrar que su movimiento no es antipolítico ni se limita a la próxima jornada electoral, el martes 30 diversas organizaciones civiles, ciudadanos desencantados de los partidos, así como analistas políticos celebran la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo. A decir de Denise Dresser, tratarán de articularse para adquirir “capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio”.

La noche del jueves 25, en una cena, Josefina Vázquez Mota, candidata a diputada federal y aspirante a la coordinación del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN), se encontró con Denise Dresser, activista del movimiento para anular el voto, y le reclamó:
–Ustedes están fortaleciendo el voto duro priista y Manlio Fabio Beltrones está muy contento...
–¿Por qué no pensaron en eso cuando negociaron con él todas las reformas y ayudaron a limpiarle la cara al priismo? –respondió Dresser.

Vázquez Mota ya no dijo nada, pero la analista interpreta que el gobierno de Felipe Calderón está “muy nervioso” porque prevé que el movimiento anulacionista beneficiará al priismo, cuando en realidad se trata de resolver un problema sistémico: la arquitectura institucional que carece de mecanismos de rendición de cuentas y sanción ciudadana.

Tal preocupación gubernamental se materializa también con la convocatoria del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, a reuniones privadas para conocer la opinión de analistas, académicos y activistas sobre el voto nulo.
Dresser participó en una de ellas hace un par de semanas, en la que estuvieron además Lorenzo Córdova, Carlos Elizondo, Juan Pardiñas y Leo Zuckerman. “Inclusive quienes critican el voto nulo comparten el diagnóstico sobre la disfuncionalidad del sistema”, dice Dresser.

–¿En qué términos se expresó Gómez Mont?
–No, él de hecho sólo escuchó. Fue un esfuerzo de auscultación y diálogo. Lo reconozco como tal.
El movimiento anulacionista es acusado de neutralizar el voto de castigo, no sólo a diputados y partidos, sino a los gobiernos, como el de Calderón, pero Dresser lo niega: “El PAN no está feliz con el voto nulo, no está pensando que va a evadir el voto de castigo. Al contrario, piensan que están haciendo las cosas tan bien que lo que necesitan es el voto de recompensa y que, al no darse ése, se va acabar empoderando a los priistas. Esa es la preocupación del gobierno”.
Aclara: “Esto va más allá de castigar a un gobierno en particular en este momento. El voto nulo es un castigo a un sistema político que carece de elementos esenciales de representatividad y de rendición de cuentas”.

–Pero afirmar que todos los partidos son iguales implica que todos son responsables, por ejemplo, del desastre económico del país…
–Esta idea de que todos son iguales no es responsabilizar a todos del desastre del país. La crítica de que todos son iguales tiene que ver con el hecho de que no tienen incentivos para rendir cuentas y tomar decisiones en nombre de la ciudadanía, ni para explicar lo que hicieron durante su paso por el poder.

“Por eso, a pesar de las divergencias ideológicas que presentan en sus plataformas, cuando llegan al poder se comportan de manera demasiado similar en cuanto a la impunidad, evitar la rendición de cuentas, apelar al voto corporativo, enarbolar estrategias clientelares. Ese es el mimetismo que se critica, producto de un andamiaje institucional mal armado que lleva a esta democracia trunca y parcial.”

Doctora en ciencias políticas y profesora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), alma mater de Calderón y de su primer círculo, Dresser sostiene que el descontento que expresa el voto nulo va al “corazón del problema” de México: la ausencia de representación ciudadana.
Y alude a su principal antagonista, José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral (IFE): “Somos una democracia competitiva, con múltiples partidos y en la que se da la alternancia, todo eso es celebrable y lo comparto. Comparto esa palmada en la espalda que le da Woldenberg al sistema. Pero hay ausencia de instrumentos esenciales”.

Dresser es la redactora del “documento conceptual” que se discutirá en la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo, que se celebrará este martes 30 en el cine-auditorio de la Villa Olímpica, y adelanta, en entrevista, que el objetivo es articular al movimiento, después de las elecciones del 5 de julio, con propuestas como la reelección legislativa.

“Se busca combatir la percepción de que este es un movimiento con un lenguaje antipolítico, de que no hay propuestas condensadas y concretas, y que es solamente coyuntural, vinculado con la elección, cuando de lo que se trata es de articular algo que tenga capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio.”

–¿Eso será parte de lo que se discutirá en la asamblea?
–Exacto. Se va a discutir y se va a votar.
A cinco días de las elecciones y en medio de críticas por su irrupción en el proceso electoral para exhibir el repudio al régimen de partidos y al sistema político en su conjunto, los convocantes a anular el voto, cuyo impacto en las urnas es todavía incierto aunque las estimaciones son optimistas, tratarán de trascender el 5 de julio.

Callar bocas
El documento que se discutirá en la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo, afirma Sergio Aguayo, otro de los convocantes, “callará la boca a quienes dicen que sólo nos une el rechazo, porque el objetivo es el 6 de julio”, un día después de las elecciones, y se anticipa una segunda asamblea.
Explica: “Se trata de unirnos en torno de unas cuantas demandas aceptables para todos, pensando que, pase lo que pase el 5 de julio, existe una base social real, organizativa, de ciudadanos que no estamos satisfechos con la arquitectura política existente”.

Alentado sobre todo por jóvenes estudiantes y con internet como una de sus herramientas, que ha sido base de la articulación original, el movimiento comenzó a ser encauzado por quienes, como Aguayo, tienen experiencia en organizaciones civiles, como la que preside, Propuesta Cívica; Adolfo Llubere, perredista cercano a Rosario Robles, y jaliscienses participantes en organizaciones no gubernamentales.

En la minuta de la reunión de organizaciones y activistas, celebrada el 17 de junio en las instalaciones del IFE –al concluir el foro sobre “voto razonado” organizado por éste–, se describen las tareas que deben observarse, como crear la página www.votosnulos.com, la elaboración de artículos de promoción y generar “mecanismos para incluir en este movimiento a la ciudadanía que no tiene acceso a internet y, en particular, a las mujeres”.

Inclusive se recomiendan comportamientos: “a) Para que esto funcione, nadie tiene que sentirse agandallado. b) No estamos compitiendo. Tenemos que sumar. c) No vamos a excluir a nadie, a menos que no esté de acuerdo con la agenda mínima. d) No obstante, el participar en esta iniciativa no implica que las organizaciones renuncien a las iniciativas y agendas que han estado impulsando a la fecha. Los acuerdos para las diferentes agendas, en un sentido amplio, serán para después de las elecciones”.
Al respecto, Aguayo aclara: “Ya está armada la logística y el documento, al menos para que la discusión tome cauces ordenados, pero de ninguna manera está garantizado que va a salir bien”. Y expone que ve como un reto articular un movimiento que ha sido cuestionado.

“Estoy terminando un libro sobre la transición democrática y nunca, desde 1934 a la fecha, había visto un consenso tan grande entre las fuerzas vivas como el que estoy observando, de rechazo al voto nulo. Y segundo: soy el más sorprendido del vigor y de la energía, hasta hoy, de la propuesta.”
Reitera: “De ninguna manera puedo anticipar, asegurar o pronosticar si esto va a dar el brinco a una expresión organizada. Ese es el reto. Pero, por lo pronto, al día de hoy sí puedo decir que ya estamos refutando la afirmación de que sólo nos une lo negativo y el rechazo”.

En efecto, dice Dresser, el movimiento que celebrará su Primera Asamblea por el Voto Nulo se propone plantear la reelección legislativa como uno de los mecanismos que deben ser incorporados a la legislación, porque una vez electos ya no rinden cuentas a sus electores.
“No tienen que hacerlo, porque su longevidad política, su futuro político no depende de los electores, sino del dirigente, de los poderes fácticos. Para mí ese es el problema esencial de la democracia mexicana en este momento.”

Explica: “Como no hay un buen mecanismo de representación no hay rendición de cuentas, y este sistema, una y otra vez, se doblega ante Televisa o el señor Carlos Slim o Ricardo Salinas Pliego o Valdemar Gutiérrez o Elba Esther Gordillo, porque no hay el contrapeso ciudadano necesario que se da, precisamente, a través de que el diputado sabe que si aprueba una iniciativa que va en contra de sus representados lo sacarán del poder”.
Dresser cree que, gracias al movimiento que llama a anular el voto, se generó un debate sobre lo que no funciona en el andamiaje institucional del país, una de cuyas expresiones fue el reproche de Calderón a los partidos por distanciarse de los ciudadanos, a quienes les recomendó… hacer un partido.

“(El movimiento) cumple una labor muy importante de catalizador, de acicate para ir empujando a los partidos a tomar decisiones que no tomarían de otra manera. El sistema funciona muy bien para los partidos y muy mal para los ciudadanos”, dice la analista.
Por ello aplaude el vigor del movimiento, fundamentalmente de jóvenes de clase media. “Yo lo comparo con otros movimientos sociales que han enarbolado reivindicaciones de derechos esenciales, que también en su momento fueron clasemedieros: las sufragistas, los ambientalistas, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Son movimientos que empiezan siempre dentro de una clase media profesional que va detectando la insatisfacción, va construyendo coaliciones, va haciendo propuestas. ¡Esto es algo que lleva un par de meses! Tampoco nos pueden exigir que el movimiento, en sí solo, en tres meses tenga un manifiesto para que resuelva todos los problemas del país”.

De hecho, el grupo de activistas de Guadalajara, Jalisco, los creadores de “Para políticos nulos, votos nulos”, envió a Proceso la respuesta que da al “señor Calderón” por haber propuesto que los ciudadanos formen otros partidos:

“No nos interesa adscribirnos ni crear un partido político, señor Calderón, estamos convencidos de la fuerza de una ciudadanía activa no partidista. Creemos que estando en medio de un proceso electoral, usted ha incurrido en el grave error de condenar el ejercicio de un derecho y la activación de una protesta pacífica y democrática en contra de la clase política partidista.”
Y añaden: “Democracia plena no es igual a sistema de partidos. El país está repleto de órganos de participación ciudadana simulada que no obligan a nada a los poderes y niveles de gobierno que los convocan y conforman. Desde congresos y Senado han hecho legal lo ilegal, de manera que hoy sus majestades, servidores de lo público, nos impiden ver cómo gestionan lo que es nuestro”.
Y le recuerdan al “señor Calderón” el artículo 39 constitucional, que establece que la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
Como ellos, Dresser también reprocha la conducta del IFE y de su presidente, Leonardo Valdés: “No ha sido la correcta. Han tratado de desacreditar y criticar que esto no es válido, de sugerir que quizá no es legal, cuando es perfectamente válido y legal. Su labor debería ser de representación ciudadana, no de defensa de los intereses de los partidos”.
Añade: “Hay entre los consejeros un ímpetu desacalificador y es lamentable porque el IFE era nuestra institución. Este movimiento surge como una llamada de atención a una democracia disfuncional, perfectible, mejorable, y el IFE se ha empeñado en defender lo altamente imperfecto, tan imperfecto que vemos encuesta tras encuesta que despliega la insatisfacción ciudadana con los partidos”.

Nada con Televisa
En la minuta de la reunión de los organizadores de la Asamblea Nacional se advierte: “Cada organización será libre de adherirse o no al documento final. Si alguna organización quisiera empujar una agenda adicional, estará en su legítimo derecho, pero no a nombre de la asamblea.”
Y es que otros promotores de anular el voto plantean que, además de hacer este llamado, se formulen otras demandas, por ejemplo, las candidaturas ciudadanas, la segunda vuelta electoral o, como lo plantea “¡Basta-10”, una página de internet promovida por Jaime Sánchez Susarrey, “la derogación del párrafo del artículo 41 constitucional que prohíbe la información plena”.
Al respecto, Dresser y Aguayo dicen no compartir, en lo personal, esa demanda que implica destruir la reforma que prohíbe la compraventa de tiempo en radio y televisión para difundir propaganda política y electoral, que enfureció a las televisoras, pero tampoco es un tema en las discusiones entre los demás activistas.
“Yo no he recogido esa demanda de las organizaciones”, aclara la analista, y Aguayo dice de plano que se trata de un planteamiento “inaceptable” para Propuesta Cívica, la organización que encabeza, como también el planteamiento semejante que hizo Alejandro Martí, el empresario que promueve “Mi voto por tu compromiso”.
“En eso la organización que presido no está de acuerdo, porque eso es abrir las puertas a las televisoras otra vez al negocio de la política. Si ya están metidas hasta el gorro, es abrírselas de manera explícita.”

Anular es Votar

viernes, 26 de junio de 2009

La misma Gata

Los de arriba vs. los de abajo

Los de arriba vs. los de abajo
SABINA BERMAN/  Proceso México 

La idea del voto nulo se expandió por contagio entre los ciudadanos comunes, como se expanden los cambios en el lenguaje o como se expanden bajo la tierra los túneles de un hormiguero. Sin un control central, sin un caudillo iluminado, sin un gasto millonario en spots de TV: espontáneamente y sin meta preestablecida, nada más porque es una buena propuesta.
Una buena propuesta: la que más justamente empata con un hartazgo a la oferta de políticos en nuestro país y que, sin embargo, no bota al demonio el sistema electoral, ahí lo deja por si surge una oferta atractiva.
De las reuniones de amigos, la buena idea de anular el voto trepó a internet en un video tomado en Monterrey llamando a votar por el Papanatas. Luego trepó a las columnas de los periódicos; después a los programas de opinión de radio y TV. Simultáneamente, en internet, en esa reunión de millones de usuarios amistosos –friendly users, se dice en inglés–, en ese hormiguero de ideas variopintas, ya convivían nuevos videos firmados por colectivos. Según me parece, fueron apareciendo: Tache a todos, Voto blanco, Dejemosdehacernospendejos.com., y otra decena.
Como para llorar de la risa: Los jeques de la política, encerrados dentro de su viejo pensamiento autoritario, no pudieron reconocer la novedad de un movimiento social sin dueños, algo que parece ser la característica de los movimientos de este siglo que nace, el siglo de internet.
Los jeques políticos reaccionaron en una (para mí) graciosa (para otros indignante) danza de señalarse con el dedo entre sí. El jefe del PAN acusó a los resentidos amloístas de organizar el contagio. AMLO acusó de lo mismo a la derecha, o sea al PAN. La presidenta del PRI acusó también al PAN de provocar con su guerra sucia la enajenación de los votantes. Nada más no les entraba en la cabeza que algo se organizara fuera de su círculo de mandamases.
Por fin los ocho jefes de los partidos grabaron juntos un video para internet contra el voto anulado. Y para dar un acorde furioso (o autista), el jefe del PAN amenazó a los anulistas con la llegada de un dictador que nos vendría a castigar a todos los mexicanos.
O sea, si los de abajo no vamos dócilmente a votar por alguno de los candidatos que nos ofrecen los de arriba, vendrá un ogro a disciplinarnos.
No es que sea ridícula la posibilidad: en la historia de América Latina es bastante común. Los políticos civiles sacan al ejército a las calles para imponer el orden y cualquier día a un general de cinco estrellas se le ocurre que habría más orden, de ese orden simplote impuesto por el terror que provocan las armas, si él “gobernara” directamente –traducción: si él aterrara personalmente.
En fin, el siguiente es el marcador a estas fechas: Si mañana fuese la elección y el voto nulo fuese un partido, sería la tercera o cuarta fuerza política del país. Las encuestas muestran que el 15 % de los votantes anulará su voto, lo que no está nada mal para un movimiento sin dinero, sin publicidad, sin acarreados, nacido haces escasos dos meses.
Mientras tanto, por el lado ciudadano, varios articulistas se han propuesto organizar la ola del voto nulo en exigencias concretas a la clase política. El voto nulo, interpretan, es una petición ciudadana de correcciones al sistema electoral, para volver más dinámica la interacción entre gobernados y gobernantes. Pueden distinguirse algunos puntos en que los articulistas vienen coincidiendo: eliminar los diputados plurinominales; posibilitar las candidaturas de ciudadanos sin partido; y establecer la reelección, la revocación de mandato y el referéndum.
Cierto, estas reformas en efecto “refrescarían” la interacción entre los de arriba y los de abajo, para usar la elegante expresión de José Antonio Crespo; y como lo pidió René Delgado en una columna del periódico Reforma, los legisladores actuales harían bien en proponerlas y aprobarlas todavía en esta legislatura, en un período extraordinario. Sería una respuesta que mostraría que los de arriba son todavía capaces de reaccionar con oportunidad al sentimiento de los de abajo.
De cierto, los senadores anunciaron el lunes 15 que la reforma electoral vigente será revisada, aunque por lo pronto sólo citaron a mesas de discusión, donde se tratará ese y también otros temas.
Así que el jefe del PAN nos amenaza con un autoritarismo peor si no aplaudimos el autoritarismo panista. Los senadores nos prometen que tal vez van a reformar algo algún día que será cuando ellos dispongan. Y el voto nulo sigue creciendo.
Propongo aquí una idea de un grupo de ciudadanos menores de los 30 años. Ellos piensan que el gran suceso de esta elección del 2009 ya ha sucedido y es, precisamente, el movimiento para anular el voto, que está siendo en sí mismo un gran ejercicio de democracia desde abajo y podría saltar a ser una novedad de verdad radical.
Se preguntan: ¿Qué pasaría si el mecanismo que ha logrado la rapidísima propagación del voto nulo se usara para votar las cosas públicas?
Ponen un ejemplo. Digamos la despenalización del aborto que ahora se discute en varios Congresos estatales. Supongamos que luego de la discusión pública en un determinado Congreso, donde se airean los pros y los contras de la despenalización, se pone la ley a juicio del voto popular por internet.
Se dirá que no todos los ciudadanos tienen acceso a internet. Responden: pero fácilmente se podría darles acceso la semana de la votación, a través de los cafés de internet o instalando una computadora con red para cada X miles de ciudadanos. Se dirá: habría que inventar todo un sistema para garantizar la calidad de una elección así. Responden: pues se trata de inventar nuevas formas, precisamente. Y agregan: Si los bancos han ideado cómo un usuario puede mover dinero por internet, con certeza de no ser robado, ¿por qué no podría votarse por internet?
Pongo otro ejemplo, este más peligroso para el sistema autoritario. Supongamos que se discute otra vez la ley de telecomunicaciones en el Congreso federal y luego de la etapa de debate se abre el voto a los ciudadanos por internet.
Se me dirá que eso convertiría a los diputados en meros expertos en debates y redactores de leyes y les quitaría el espacio para negociar sus votos entre sí y con los poderes fácticos. Se me dirá que eso los despojaría de su privilegio actual de actuar de espaldas al bien común y de cobrar para su beneficio personal millones de pesos. Se me dirá que, en suma, eso voltearía la pirámide de la política, pondría a los millones de electores arriba y a los servidores públicos abajo, ahora sí sirviéndolos.
Sería espléndido, ¿no es cierto?

jueves, 25 de junio de 2009

Sin deliberación no hay autonomía

Adán Ángeles Jaramillo

25.06.09

La insuficiencia del abstencionismo radicaba en que lo interpretaban las personas equivocadas. Pero a esa expresión de desencanto se ha sumado otra con contenidos específicos. Esta vez el voto nulo nos presenta la oportunidad de deliberar y, quizá, de madurar nuestra democracia, porque nos permite evaluarla y discutirla.


No se trata de números, mayorías o minorías, sino de problematizar y desarrollar sociedades plurales que interactúan con problemáticas diferentes. Desde esta iniciativa, la democratización, como nos recuerda Lechner, es aprender a valorar la existencia de criterios dispares acerca de «lo mejor». Porque no existe la verdad absoluta, porque somos responsables de decidir el futuro. Lo trágico de los partidos políticos es hacernos olvidar que el orden es una tarea colectiva. Por tanto, la política a la que estamos llamados ciudadanos y partidos, es aquella en la que los objetivos de una sociedad se elaboran y deciden continuamente.


Como el abstencionismo, el voto nulo también ha sido interpretado bajo la mezquina mirada de los partidos políticos que lo descalifican o, que en un caso peor, lo miran estadísticamente como un voto que compite en números con los votos que obtendrán sus candidatos partidistas, como si el voto nulo perteneciera a un partido más, aunque con la tranquilidad para éstos de que no ha sido registrado. No obstante, la dignidad y la utilidad del voto nulo está a salvo por significar una instancia ciudadana deliberativa y también democrática.


Algunos ciudadanos descalifican el voto nulo pensando que hay que votar por un partido determinado, pero quizá lo que no se ha advertido es que ni el sistema de partidos ni el sistema de votación expresan con claridad una acción deliberada. Por tanto, no podemos hablar de una autonomía. Los ciudadanos entendemos que el espacio público ha sido monopolizado por los partidos políticos.

El IFE tampoco ha dado muestras de claridad en el manejo imparcial de las votaciones partidistas. Quedan muchas dudas de su autonomía. El hecho de que sean los ciudadanos quienes operen las casillas electorales parece disculpar al IFE de numerosas irregularidades, pero la conformación del organismo electoral deja ver ingerencias partidistas.


El voto por un partido político no expresa claramente una deliberación ciudadana por una plataforma de trabajo. Y aunque sigue siendo la vía legal para la expresión ciudadana, el voto es un mecanismo acotado que no permite declarar más que la continuidad o la alternancia de partidos políticos en los puestos que deciden la vida pública de una presunta sociedad, pero no más. Los partidos políticos interpretan que los ciudadanos entregan ciegamente su confianza con el voto partidista. Y en parte es cierto, muchos ciudadanos creen que su responsabilidad termina con asistir a las urnas. Pero, ¿qué pasa cuando las plataformas que se exhiben en tiempos electorales se desdibujan o simplemente son incumplidas por los políticos electos? Los ciudadanos extienden su queja, sin efecto, por otro trienio o sexenio, según aplique.


No obstante, con todas las limitantes e imperfecciones el voto nulo es un llamado para que los ciudadanos que sufragan votos partidistas incorporen una deliberación en su expresión política. Votar por un partido no les exime de una deliberación y participación ciudadana en la política de su o sus sociedades. De otro modo, y contrario a lo que se piensa, el voto partidista es un voto irresponsable


El voto nulo también impugna un sistema representacionista. Los políticos partidistas se alejan de los ciudadanos cuando buscan gravar cada vez más cosas, limitando de esa forma el poder adquisitivo de los salarios. Peor aún, algunos pretenden gravar las prestaciones de los contribuyentes cautivos. Mientras tanto, tenemos políticos partidistas que reclaman mejores salarios, mayores prestaciones y exenciones fiscales. Y qué decir de la candidatura del presidente de la república, que anunció y prometió empleos que no sólo no han sido generados, sino que ya él mismo, en el empleo de presidente, no ha sido capaz de frenar la depreciación de los empleos que se han sostenido.


Entre otras cosas, el voto nulo simboliza la ausencia de representación. No es tan arrogante como decir: «no son mejores que nosotros», sino que su puesto exige un trabajo de índole público, no sólo de beneficio particular, que parece ser el acento primordial que dan a su empleo. Una medida efectiva para contratar socialmente a los políticos partidistas, sería restringirles el pago de sus salarios a través de nuestro pago de impuestos. Esto no quiere decir no pagar impuestos, sino etiquetar nuestro pago de impuestos con la consigna de que no hay pagos o aumentos si no hay un trabajo eficaz por parte de ellos.


Mirar nuestra democracia, de recién estreno, desde unas elecciones, empobrece las posibilidades de continuarla. El voto nulo no tiene la última palabra. Tampoco la tienen los partidos políticos, ni las autoridades cualesquiera que sean, ni los políticos nulos, a quienes critican el voto nulo. No hay últimas palabras. Sin deliberación no hay autonomía: el trabajo recién comienza y eso nos atañe a todos, votantes y no votantes, a todos.


Adán Ángeles Jaramillo (adanajus@yahoo.com)

miércoles, 24 de junio de 2009

Ética y política

Sergio Aguayo Quezada

24 Jun. 09


En el mundo existen múltiples combinaciones de ética y política. En México hay un divorcio tan brutal entre ambas que la política se hace cada vez más intolerable. ¿Existe solución?

El tema es antiquísimo y tiene dos grandes posturas. Una sostiene que ni la moral ni la ética tienen aplicación en la política; lo fundamental es obtener el poder y preservarlo por el mayor tiempo posible. Para otra corriente, que suscribo plenamente, una sociedad funcional bien estructurada y organizada debe guiarse por valores asociados con la ética: igualdad, libertad, justicia, tolerancia, respeto a la naturaleza y a la diversidad, etcétera.

El Partido Acción Nacional y lo que ahora es el Partido de la Revolución Democrática nacieron invocando valores con los cuales buscaban distinguirse de la manera tan feroz como ejercían y mantenían el poder los priistas. Manuel Gómez Morín se enorgullecía de que el PAN viviera en la "intransigencia diamantina de los principios" y Carlos Castillo Peraza aseguraría, años más tarde, que ellos anteponían "la ética a la política". Y en la izquierda, personajes como Valentín Campa, Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas confirmaron una y otra vez que es posible actuar con principios en la política.

Todos esperábamos que cuando el PAN y el PRD llegaran al poder encabezarían una revolución ética. No fue así y ello se demuestra en indicadores como el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional, según el cual este rasgo de la vida nacional no se ha modificado para nada en los años que llevamos de alternancia. Las mediciones numéricas se ven confirmadas con el acontecer diario.

La tragedia de la guardería de Hermosillo demuestra cuán vivo sigue el tráfico de influencias en los gobiernos priistas; la entrega de Lotería Nacional para la Asistencia Pública a Elba Esther Gordillo y su grupo confirma que para Felipe Calderón la "intransigencia diamantina" consiste en el pago de facturas a quienes le ayudaron a ser Presidente; el fandango de Iztapalapa es una vergüenza para el PRD y para Andrés Manuel López Obrador, y una constatación de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sigue empeñado en contribuir a la incertidumbre jurídica.

El movimiento en favor de anular el voto nació porque la principal preocupación de nuestra clase política es preservar el poder y porque nos sentimos indefensos ante sus tropelías. En teoría, los organismos públicos de derechos humanos (y entre ellos incluyo al Tribunal antes mencionado) tienen la función de defender los derechos de las mayorías. Salvo contadas excepciones, estos organismos han sido avasallados por los partidos que no toleran la independencia y la autonomía. El saldo neto es que la función de la ciudadanía se reduce a votar cada tres años y a padecer el resto del tiempo las consecuencias de una democracia enferma.

La Italia de Berlusconi nos recuerda que no somos el único país que padece estos males. Lógicamente, han surgido propuestas como la de la filósofa española Adela Cortina, quien considera que el radicalismo del siglo 21 consiste en "emprender en todos los ámbitos e instituciones una revolución ética". Según esta pensadora, los ciudadanos "tienen en sus manos la posibilidad de ser los verdaderos p rotagonistas de una nueva ética basada en los conceptos de dignidad, felicidad, compromiso y diálogo". La revuelta anulacionista es un esfuerzo por sacudir las conciencias y lograr que qui enes gobiernan en nuestro nombre incorporen el bien común en sus consideraciones.

Es inevitable que en este movimiento surjan expresiones maximalistas. José Woldenberg (Proceso, mayo 31, 2009) y otros han señalado que por momentos se cae en un peligroso maniqueísmo y que la "retórica antipolítica" pone en un lado a una clase política perversa, corrupta e ineficiente y en el otro, a un pueblo "noble, incorruptible, trabajador". Advierte, entonces, que de esa contradicción puede surgir un "salvador, que puede ser un movimiento, un líder carismático" que destruya lo logrado. Intransigencias similares aparecen en quienes nos condenan pese a que la anulación de los votos está incluida en las leyes electorales.

Es muy probable que el movimiento anulacionista coincida en un pliego petitorio mínimo que de ser tomado en consideración por los partidos podría llevar a nuestra lenta y tortuosa transición a la etapa de la refundación democrática.



La miscelánea


Entretanto, sigue habiendo avances consistentes en el entendimiento de la transición. Ilán Bizberg y Lorenzo Meyer presentaron la semana pasada los cuatro volúmenes de Una historia contemporánea de México, en edición de Océano y el Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. En ellos, docenas de autores iluminan diferentes aspectos de nuestra historia reciente. Una fiesta del conocimiento y una obra de referencia que se hará indispensable.

saguayo@colmex.mx Colaboró para esta columna Guadalupe Correa.

lunes, 22 de junio de 2009

VOTO NULO PROYECCIONES EN PALACIO DE GOBIERNO EN GUADALAJARA

domingo, 21 de junio de 2009

Anular es Votar

Siempre los otros, urge un nosotros

Augusto Chacón
2009-06-20•Al Frente
Sólo sabiendo se puede mirar así.
Sólo mirando se puede saber así.
Raúl Bañuelos

Si nos abstenemos de votar o si votamos para que ningún partido sume a su favor nuestra voluntad, dicen que dejaremos que otros decidan por nosotros. Lo que no aclaran es quiénes son esos otros que dispondrán de la vida nacional sin considerarnos, tampoco enuncian qué es lo que decidirán. No obstante, cuando tal afirman, una fibra muy delicada y sensible que los mexicanos compartimos nos lleva a decir: ah, qué la canción, por mí no decide ningún otro, nomás eso faltaba.

¿Decidimos las propuestas, los candidatos y el plan de trabajo de los partidos? No, lo hacen otros; sólo nos toca optar entre nombres, logotipos y frases de ocasión predeterminados, aunque no nos gusten. ¿Decidimos el nivel intelectual de las campañas de quienes buscan que votemos por ellos, o decidimos que llamen a nuestras casas a contarnos chismes cada uno de cada cual en nombre de encuestas espurias? No, es también prerrogativa de otros. ¿Podemos opinar sobre lo que hará el candidato ganador luego de que se instale en el puesto que “decidimos” darle? Tampoco, si así fuera, el Congreso no habría cerrado dos meses para que 28 de los 40 diputados cumplieran su inevitable metamorfosis trianual: mudar de oruga a oruga; si nuestra decisión valiera algo, el río Santiago no sería cauce de enfermedades, de corrupción, nadie le regalaría dinero a Televisa o haría obras de pésima calidad y caras para después, como si nada, pretender ser diputado federal por el distrito 10.

Siempre deciden otros, pero cuidado: no los que votan por un partido diferente al nuestro o los que se abstienen o los anulistas; sino otros que un día son diputados, después senadores, regidores, líderes sindicales, iluminados de barrio, gobernadores, etc. Los reconocemos porque se congregan en camarillas llamadas partidos, y se amparan beatíficamente en la Constitución.

Estos otros no pueden estar a favor de la reelección directa de legisladores, va en contra del corporativismo porque las candidaturas son moneda corriente para comprar adeptos; por lo mismo es impensable que den acceso a la posibilidad de candidatos independientes. Estos otros tuercen lo que sea con tal de impedir la reglamentación del plebiscito, del referéndum y la revocación de mandato, son decisiones, dicen, que les corresponden por derecho de casta, y deciden no decidir. Estos otros se espantan ante la transparencia y la rendición de cuentas, ¿cómo queremos que hagan su trabajo si nomás estamos mirándolos y preguntando? Nuestro poder de decisión está para ejercerse cada tres años y está circunscrito a las opciones que estos otros deciden darnos. ¿Podemos decidir que se haga justicia a los bebés quemados en Hermosillo por la corrupción y estupidez de estos mismos otros? No.

Si votamos por alguno de los partidos que nos proponen, seguiremos dejando que estos otros mantengan su república alterna a nuestras costillas; pero también si anulamos o nos abstenemos. Es decir: tengamos cuidado al identificar a los otros que los otros ya conocidos nos quieren vender como dañinos: los ciudadanos ejerciendo su derecho-obligación de votar no son el origen del rumbo que toman las cosas públicas, así voten por alguien, no vayan a las urnas o anulen su boleta. Son esos otros enquistados en el presupuesto quienes deben hacerse cargo de los distintos niveles que puede tener el mensaje que sin duda contiene toda votación. Tan respetable es quien opta por un partido como quien se abstiene o anula; no les hagamos el juego a quienes amarran navajas para simular un estado democrático, una venturosa transición política.

Una muestra de lo que los otros ya conocidos pueden hacer con las decisiones que según ellos tomamos nosotros, la tenemos en Iztapalapa, ciudad de México: ahí Andrés Manuel López Obrador, que está en contra del voto nulo, quiere que el movimiento que él creó anule el de los ciudadanos de esa delegación: voten por el PT, si gana, el electo va a renunciar para que gobierne una por quien ustedes no votaron.

Si nos ponemos estrictos, y ya es hora: no importa por quién sufragues, en este país los votos nacen nulos por taras de genética política. Quizá es momento de aumentar el valor del gesto de anular: que el voto anulado conscientemente sea símbolo del cambio que exigimos, uno al que inclusive los iraníes se atreven.

abenavides@milenio.com

sábado, 20 de junio de 2009

Desinformar

Iván Lira, Rebelión

La politicidad de la abstención

Massimo Modonesi/Rebelión/20-06-09

Sin ser una opción deseable y generalizable a todo tiempo y espacio, la abstención y el voto nulo pueden ser una manifestación política contundente, una señal de reapropiación de la política frente a unas elecciones de ordinaria administración y simple reciclaje institucional como las que se avecinan en México.

Aun sin ofrecer alternativa, el gesto político de la abstención o del voto nulo expresa una oposición, un rechazo o una crítica, al negar o cuestionar la legitimidad de un sistema político en su contenido y/o su forma. En toda elección, la cifra de participación a los comicios es un dato que puede ser visto como un referéndum de aprobación o desaprobación del sistema de partidos. Es notable, en el México de hoy, el repudio hacia una clase política tripartita, al interior de la cual las diferencias aparecen mínimas frente a la abundancia de las similitudes. Pero una mirada minimalista que resalta las especificidades de cada partido y reconoce el “menos peor”, implica un cálculo y una lucidez que no corresponden al sentido común de gran parte de la población, cuyos cálculos se consumen en la búsqueda de estrategias de sobrevivencia en medio del despojo y del abuso, entre la espada de la explotación privada y la pared del patrimonialismo y el clientelismo público.

La oferta partidaria para las elecciones de 2009 no parece cubrir el espectro de las opiniones políticas de los mexicanos. Seguramente no alcanza a representar el malestar de los excluidos, de los desposeídos, aunque pueda activar falsas ilusiones o apelar al intercambio mercantil clientelar pescando en las peores expresiones de la cultura política mexicana y contribuyendo a reproducirlas. Allá donde el malestar se transforma en enojo, las elecciones aparecen como farsa, después de haber sido tragedia, como ejercicio autoreferente de sectores de la clase política que, cíclicamente, requieren abrevar de la delegación y efectuar un rito de ungimiento. En efecto, en el repudio hacia una forma específica de la política –este sistema de partidos- es evidente en México el desgaste del electoralismo que apareció paulatina y crudamente detrás de la promesa democrática. En su camino a la normalidad de la democracia procedimental, México ingresó directamente a la prolongada crisis de las democracias occidentales. La institucionalización de la política en un país surcado por clivajes clasistas y racistas necesariamente opera una mutilación, simula una representación para ocultar la obscenidad.

Es indiscutible que un rechazo al sistema de partidos bien podría y debería expresarse en la formación de un nuevo partido que expresara otra idea de la política y otro proyecto de país o en la simple organización y movilización como ejercicio práctico de antagonismo y autonomía. Todo esto no sólo es posible sino que está ocurriendo en el México de hoy. Otros partidos -electorales o no- están gestándose, múltiples formas de politicidad surgen de la organización y la movilización popular que, con mayor o menor éxito y trascendencia, afloran a lo largo y ancho del país.

La política antagonista no se agota en el ejercicio electoral, a veces lo prescinde, a menudo lo padece, pero siempre puede aprovecharlo.

¿Porqué no mandar oportunamente un mensaje claro de repudio a este sistema y sus protagonistas mediante el voto nulo y la abstención? La alternativa de un voto “tapándose la nariz” no garantiza una oposición parlamentaria eficaz y es un cheque en blanco para la perpetuación de aparatos políticos que, en el mejor de los casos, requieren una refundación. Una refundación que lamentablemente pasa por su superación y no por su conservación. El voto útil por los partidos de la extinta Coalición para el Bien de Todos es inútil para propósitos de transformación. Es un voto conservador, un voto defensivo anclado en una actitud subalterna que ubica en el marco de la reglas de dominación existente los márgenes de maniobras y los espacios de resistencia y renegociación.

No sólo la abstención y el voto nulo son posturas políticas legítimas sino que también en la coyuntura actual pueden, en gran escala, marcar una ruptura, aunque fuera simbólica, respecto de una partidocracia al interior de la cual han degenerado hasta las formaciones políticas de origen y vocación popular.

¿Pensamos seriamente que si no vota el 70 u 80% del padrón electoral, los electos con 10% del total de electores serán legítimos representantes populares? ¿No será una oportunidad para cuestionar el sistema y mostrar sin tapujos su ilegitimidad? ¿No será que la legitimidad es un arma indispensable cuando la legalidad es un instrumento de reproducción del poder de quienes la elaboran? Si de castigar electoralmente al PAN y al PRI se trata, ¿no será más eficaz y significativo un repudio mayoritario que un par de puntos porcentuales “regalados” a otros partidos?

Las elecciones pueden ser una oportunidad para evidenciar la falta de representatividad de un sistema político cuya gangrena puede resultar larga y dolorosa. Dicen los cínicos que los pueblos tienen los dirigentes que se merecen. Agregaría, siempre y cuando los elijan…

Desde el rechazo, que no en el silencio, es prioritario no cultivar ilusiones sobre la reforma de lo irreformable y construir nuevos instrumentos políticos a la altura de las urgencias y las necesidades de la mayoría de los mexicanos.